La vivienda se encuentra en el corazón de la zona este de Berlín. Parcialmente abandonado, el edificio, de la década de 1890, estaba destinado a ser demolido. Situado en la segunda planta, pertenece al diseñador de interiores alemán Gisbert Pöppler, quien, aun viendo que la casa estaba muy deteriorada, intuyó que tenía muchas posibilidades. Y así es, vista la reforma. 

Durante muchos años, la tendencia era pintar las paredes blancas y dejar que el parqué y el techo actuaran como únicos elementos decorativos. “Hasta los sofás se consideraban demasiado burgueses”, relata Pöppler. Entrar en el apartamento es ahora una experiencia totalmente diferente.

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