Con estos consejos no despercidiarás el dinero en las facturas de la calefacción y la electricidad.

Ventanas de doble y triple acristalamiento

El doble acristalamiento está formado por dos o más láminas de cristal. Son piezas que están separadas por una cámara de aire deshidratado o bien por gas. Cuanto mayor sea el espacio entre ambas, mayor será el aislamiento. Y aunque es más fácil instalar estos sistemas en casas de nueva construcción, también puede incluirse en una reforma ordinaria. El doble acristalamiento nos permite ahorrar, porque ejerce como poderoso aislante. Otra ventaja es que aumenta la insonorización.

Los cerramientos con doble o triple acristalamiento y rotura de puente térmico evitan las fugas de frío y de calor, y ayudan a mantener una temperatura constante.

Elementos arquitectónicos o decorativos que ayudan

Los toldos son una buena opción, pero hay que saber utilizarlos. El sol no solo calienta cuando entra por la ventana. Los edificios que habitamos están expuestos a la radiación solar durante todo el día. Así que el toldo debe desplegarse desde que sale el sol hasta que se esconde y casi durante toda la noche: generará una eficaz barrera que hará que los materiales del edificio se calienten unos grados menos. Los de color blanco son los que mejor se comportan contra la radiación solar. Los aleros también son un sistema efectivo, ya que permiten sombrear la fachada y dejan pasar la radiación solar en invierno. Es suficiente con un pequeño tejadito que sobresalga alrededor de un metro, sobre la ventana o que recorra toda la fachada.

Soluciones como los aleros, los retranqueos de fachada y los toldos ayudan a modular la incidencia de los rayos solares según el momento del día y la época del año.

Lana de roca

Es un material fabricado a partir de la roca volcánica. Se utiliza principalmente como aislamiento térmico y como protección pasiva contra el fuego en la edificación, debido a su estructura fibrosa multidireccional, que le permite albergar aire relativamente inmóvil en su interior. Su estructura contiene aire seco y estable en su interior, por lo que actúa como obstáculo a las transferencias de calor caracterizándose por su baja conductividad térmica, aislando tanto de temperaturas bajas como altas. Además, disipa la energía sonora, empleándose como acondicionador acústico para evitar reverberaciones y ecos excesivos.

Suelo radiante

Los sistemas de climatización por suelo radiante se pueden instalar una vez la casa ya está contruida. Funcionan en una red de tubería plástica que, instalada bajo el pavimento y de una capa de mortero, hace circular agua caliente –o fría- por toda la superficie. De esta manera, el calor o el frío se irradia desde el suelo. La cantidad de energía necesaria para calentarlo o enfriarlo es mínima y el espacio queda libre de radiadores, estufas o aires acondicionados.

El suelo radiante se ha convertido en uno de los sistemas de calefacción más eficientes y que proporcionan más confort.

Apostar por la vegetación autóctona

Si tenemos jardín, plantar árboles de hoja caduca refrescará nuestra casa en verano y dejará pasar el sol en invierno. Se puede recurrir a las pérgolas y hacer que la hoja crezca por toda su extensión. El ciclo de caída de las hojas de los árboles será el mismo que el de las estaciones de invierno y de verano y así, la pérgola será más o menos permeable a la radiación solar según el mes. En invierno, en la pérgola no habrá hojas y dejaremos que el sol caliente la la casa, mientras que en verano, la pérgola estará llena de hojas y evitará el recalentamiento de la fachada.

Las plantas de hoja caduca ofrecen sombra en verano y dejan pasar los rayos de sol en invierno. Proyecto de Ramón Esteve.

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