Situada entre prados y a su vez cerca del centro histórico de Santa Maria da Feira, una localidad al sur de Oporto (Portugal), esta casa para una familia, obra del arquitecto Pedro Henrique, surge a partir de la rehabilitación de una vieja vivienda de piedra y la construcción de un nuevo cuerpo de hormigón interconectado mediante una estructura de madera y amplias aberturas que dialogan con el entorno.

La fachada exterior del edificio original limita con la carretera mientras que la parte trasera de la finca bordea un arroyo y disfruta de una amplia zona verde donde pastan los caballos. La fachada de piedra que transcurre a lo largo del camino tiene ahora continuidad en el muro de hormigón donde se ubica la nueva entrada a la vivienda.



Esta entrada de la casa es el punto central e intermedio de distribución que relaciona los dos cuerpos y las dos plantas. La zona privada ocupa el piso superior, dedicándose el volumen de hormigón a las habitaciones y baños de los niños, y el volumen de piedra al dormitorio de los padres. La planta inferior se destina a todas las áreas sociales y de servicios: comedor, cocina y salón.

En el interior sorprende la transparencia del cuerpo de madera y su acerado contraste con los dos cuerpos de piedra y hormigón que componen la casa. La pintura blanca de las paredes y los pisos y techos de madera crean una atmósfera confortable en la que prima la simplicidad.

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