Mayor calidad en la mitad de tiempo. La industrialización en la construcción de viviendas ha llegado para quedarse. Según datos del portal Habitissimo, la demanda de casas prefabricadas se triplicó en España de 2015 a 2017, pasando de 2.000 a 7.000 solicitudes. Lo que hace unos años se veía como una opción para unos pocos va ganando día a día más adeptos en el mercado. La combinación de un precio cierto durante todo el proceso, un plazo cerrado y un servicio llave en mano ha ayudado a que este tipo de construcción cale durante los años de la crisis.

Y es que el cliente tampoco es el mismo que hace diez o quince años. Ya no nos gusta la incertidumbre de saber cuándo se acabará nuestra casa y si tendremos que desembolsar dinero de más para hacer frente a imprevistos. Valoramos la personalización combinada con la inmediatez. Apreciamos que modularidad ya no sea sinónimo de estandarización del gusto. Nos preocupa nuestra huella ambiental. Y manejamos más y mejor información que nunca porque estamos más conectados gracias a la revolución digital. Para un público cada vez más amplio, la arquitectura prefabricada es la respuesta a un estilo de vida que quiere desterrar para siempre el despilfarro sin renunciar al confort.

La construcción modular permite al particular intervenir de forma más activa en el proyecto de su casa. “El cliente de hoy está habituado a informarse de productos y empresas a través de Internet. Que esta nueva forma de conocer el mercado llegara al mundo de la construcción de viviendas era solo cuestión de tiempo”, afirma Mercedes Navarro, arquitecta responsable de comunicación y marketing de InHAUS. Según Matthieu Filiol, director comercial de Hormipresa Living, el nuevo escenario ha hecho que incluso el típico perfil de vendedor de vivienda haya tenido que evolucionar hacia el de asesor técnico que acompaña al cliente en la fase de anteproyecto de su casa.



Según Pedro Carcelén, de Ayalto Integral, dirección técnica de Grupo Zaero, existe la falsa creencia de que los bancos ponen restricciones a la financiación de este tipo de arquitectura. “Siempre que cumpla el Código Técnico de la Edificación (CTE), las normas urbanísticas y tengan un proyecto técnico competente, los bancos no entran en qué sistema de construcción se utiliza”. Sin embargo, Matthieu Filiol reprocha que se aplique a la construcción industrializada los mismos intereses que a la obra tradicional, cuando los tiempos de ejecución y los riesgos de construcción se reducen a la mitad. También echa en falta una mayor armonización de los plazos en la concesión de licencias. “Aquí podemos tener licencias en 15 días o en más de un año”.

¿Es más barata una casa modular o prefabricada que una tradicional? La cuestión debe plantearse en términos relativos. Para Mercedes Navarro, el proceso de industrialización “consigue resultados de altísima calidad a un precio inferior del que se podría obtener en la obra tradicional para las mismas calidades. Con ello el cliente consigue mucho más por su inversión porque los costes indirectos se reducen a mínimos”. Además, el hecho de contar con un plazo cerrado y más corto que la obra tradicional hace que el cliente se ahorre meses de alquiler o que pueda gestionar la venta de su vivienda anterior de forma más breve.

Trabajar en un entorno industrializado ha facilitado a las empresas la adopción de herramientas de desarrollo de proyectos más potentes, como la representación tridimensional y la simulación estructural, térmica y acústica. “La metodología BIM nos permite ganar mucho tiempo en la fase de proyecto y mejorar la fabricación y el montaje en obra. Y el cliente está encantado de poder visualizar su futura casa en 3D antes de decidirse”, señala Matthieu Filiol

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