La pandemia ha dejado a una gran cantidad de personas desempleadas, tal es el caso de Edgar Machic Jr., quien ahora se ve obligado a salir a las calles a vender flores en compañía de su hijo para sobrevivir.

Edgar se sentía desanimado, no solo por tener una solvencia económica limitada sino por no poder cuidar de su hijo y brindarle un estudio. Lo que no imaginaba es que una de tantos transeúntes a los que ofrecen sus flores cambiaría su vida por completo.

Todo esfuerzo tiene su recompensa

Niño vendiendo flores en una avenida pública

Edgar Machic perdió su trabajo a causa de la pandemia de Covid-19 y su hijo comenzó a ayudarlo vendiendo flores en una concurrida avenida de Los Ángeles, en Estados Unidos.

Wendy Rodríguez, una vecina y residente de la zona estaba comprando algunos alimentos cuando el pequeño se acercó y le pidió que le comprara una flor ya que no habían vendido nada ese día, tenían hambre y deudas por pagar. Wendy no pudo resistirse a la petición, compró todas las flores y le dio una propina extra.

Ayudar a otros engrandece el corazón

Niño recibiendo víveres y ayuda en especie para él y su padre

Wendy sabía que su acto había sido bueno pero no era suficiente para mejorar la calidad de vida del pequeño y su padre; entonces abrió una cuenta en GoFundMe, narró la historia de la familia y logró recaudar 40 mil dólares para ayudarles.

Cuando Edgar y su hijo se enteraron de la acción de Wendy, quedaron profundamente agradecidos.

Este es solo el comienzo de una nueva vida

Niño junto a su padre llevando flores para una venta

Después de que su esposa falleciera, Edgar y su hijo emigraron de Guatemala a Estados Unidos con la esperanza de comenzar una nueva vida. Aunque al principio todo pareció ir conforme a sus planes, la pandemia de Covid-19 terminó por arrebatarle casi todo, pues aún tiene a su mayor tesoro: su hijo, quien lo motiva a salir adelante día a día.

La historia de esta pequeña familia se volvió viral, ahora reciben ayuda de cientos personas e incluso lograron obtener una visa como residentes. Por esto y más, Edgar y su hijo se encuentran agradecidos con Wendy, y por supuesto, con todas las personas de buen corazón.

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