La salud no siempre va de la mano con la sostenibilidad. Podemos basar nuestras dietas en productos sobreempaquetados procedentes del otro lado del planeta, viajar fines de semana en avión a practicar deporte a lugares lejanos, malgastar energía en casa, consumir cosas totalmente innecesarias y ser las personas más sanas del mundo.

Sin embargo, la sostenibilidad, aún sin pretenderlo, sí nos acerca a una vida más saludable. Uno de los pilares de la salud y la sostenibilidad es la alimentación. Dos organizaciones tan importantes como la FAO y la OMS se unieron hace unos meses para crear una guía de alimentación sostenible y saludable.

Entre las principales recomendaciones estaban:

  • Consumir alimentos sin procesar
  • Consumir granos integrales, legumbres, nueces y grandes cantidades de frutas y verduras
  • Reducir el desperdicio alimentario
  • Alimentarse sin exceder las necesidades de cada uno.
  • Minimizar el uso de plásticos y derivados en el envasado
  • Minimizar el uso de antibióticos y hormonas en la producción de la comida.

Dieta basada en plantas

En este caso, el medio ambiente y la salud sí que van de la mano, una alimentación de temporada, sin procesar y sin envasar tiene grandes posibilidades de ser sana.

Sin embargo, para la FAO la sostenibilidad de las dietas va más allá de proteger la biodiversidad y los ecosistemas, y de contribuir a que las generaciones actuales y futuras lleven una vida saludable. Además deben de ser culturalmente aceptables, accesibles, económicamente justas y asequibles.

Muchas veces creemos que una alimentación sostenible significa invertir en productos caros y difíciles de encontrar, como ciertos alimentos ecológicos, pero no tiene porqué ser así. En realidad basar la alimentación en verduras, cereales y legumbres locales y de temporada es de lo más accesible y económico. Y no comer más de la cuenta, ni desaprovechar comida, está claro que es beneficio para nosotros, nuestro bolsillo y para el planeta.

Desplazarse caminando

Si un pilar fundamental para llevar una vida sana es la alimentación, otro pilar es el ejercicio. Y este pilar sería la movilidad cuando hablamos de sostenibilidad, la forma en la que nos desplazamos. De nuevo es sencillo encontrar el punto de inflexión. La recomendación de la OMS de practicar como mínimo 150 minutos semanales de actividad física moderada es muy factible de alcanzar si aparcamos el coche y nos movernos caminando o en bicicleta.

Pero para la OMS el concepto de salud va más allá: “es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Caminar en la playa

Preservar el medio ambiente a veces también se asocia con un sacrificio personal que nos puede arrebatar parte de nuestra felicidad, o de nuestro bienestar mental. A veces podemos agobiarnos por la magnitud de los problemas de acechan al planeta y por todo lo que hay que hacer, lo que en la actualidad se conoce como ecoansiedad.

Pero esto no tiene porqué ser así. Al revés, ser más consciente del impacto de tus decisiones te lleva a una vida más plena, con el sentimiento de que estás tomando las riendas en lugar de dejarte llevar. Hará que intereses más por la naturaleza y pases más horas en ella, lo que siempre crea sensación de bienestar.

Si te preocupas tu salud, preocúpate también por la salud el planeta, es muy probable que orientándote a esta última consigas, sin darte cuenta, la primera.

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