Martín Royo aporta una renovada lectura a los espacios urbanos. Influenciada por artistas como Edward Hopper, máximo exponente del realismo pictórico americano de principios del s.XX, distorsiona la realidad gracias al uso subjetivo del color, convirtiendo la imagen de la tela en una visión atractiva de la arquitectura solitaria de la ciudad.
La muestra, formada por 25 pinturas al óleo, propone un viaje sentimental y personal por una Barcelona en silencio a través de su rico patrimonio arquitectónico.
Y se vuelve trascendente debido a la situación actual por la pandemia del Coronavirus, en la que no solo hemos modificado la relación con nuestra casa, si no, también con el entorno.

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