Cuando la naturaleza americana muestra aún algo de la exuberancia que dejó estupefactos a sus descubridores europeos, la arquitectura solo puede constituirse formal y materialmente en relación a ese paisaje. El lugar es Angra dos Reis, en Río de Janeiro, y el proyecto del estudio Jacobsen Arquitetura se propone la integración absoluta de la casa en la belleza de su entorno. Elevada apenas del suelo para ampliar las vistas y protegerla de las mareas, la casa presenta una fachada compacta, un volumen que se revela gradualmente, una entrada a modo de pérgola que diseña la transición al interior a través de la luz. Y no solo de la luz, sino también a través del agua se realiza, en la amplia y abierta planta baja, la integración con la naturaleza.

La piscina es como un lago expandido en canales que, entre anchas hojas de palmas, penetran en el salón y el comedor. Un espectáculo de reflejos múltiples visible desde la planta alta, donde se ubican los dormitorios. La casa está hecha, pues, de luz, agua y árboles. La madera amazónica (paneles de freijó) constituye y expresa la construcción, tratada de modo reverente y artesanal. Un gran alerón, en lo alto, habla un lenguaje hecho de referencias japonesas y contemporáneas.

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