Dos planos horizontales de hormigón dibujan la cubierta y el suelo. Toda la casa está comprimida entre esos dos planos, pero las transparencias de la envolvente y de las cápsulas de vidrio crean un espacio interior finito que parece infinito, compuesto de salones y patios arbolados, en una sucesión casi onírica de reflejos caleidoscópicos sobre un fondo real de pinos mediterráneos. El lugar se llama Caldes de Malavella, en Girona, y Jaime Prous Architects, el estudio que ha elaborado el proyecto de esta casa generadora de visiones mágicas, reactivando el fértil gusto infantil por lo surreal. “Mediante una secuencia de patios y reflejos, la vivienda introduce el exterior en el interior de manera literal, confundiendo al usuario, que ya no sabe si está dentro o fuera”: así explicita la memoria la intención de fundir realidad e ilusión. Sin las fronteras de puertas o paredes convencionales, varias cajas cristalinas y oscuras se disponen aparentemente al azar.

Sofisticación en la losa y rugosidad en los muros, espacios fluidos y cajas herméticas. Conceptos que apuntalan esta exploración imaginativa de maneras de relacionar un hábitat con la naturaleza sin prescindir del confort tecnológico. Comentando la casa-taller de Xavier Corberó a las afueras de Barcelona, Jaime Prous afirmaba: “Me impresiona cómo se burla de la gravedad, cómo domina la luz, cómo no hay fronteras entre exterior e interior, cómo integra la vegetación. Es un alimento arquitectónico y creativo impresionante”. Y a nosotros nos impresiona cómo Prous se burla aquí de la solidez y de los perfiles duros, cómo libera la luz, cómo la naturaleza se integra a través de transparencias, cómo las cajas de cristal se abren también al cielo.

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