Esta disciplina busca comprender e integrarse al sitio, los edificios, los mobiliarios, y los alrededores para que se conviertan en parte de una composición unificada y correlacionada. Y, de la misma manera, con los tonos de los materiales como base, las geometrías de líneas rectas que se cruzan y los juegos ópticos de iluminación natural propios de una arquitectura pensada para encontrarse con el entorno, esta colección se estructura en bloques de color que van desde los caolines blancos que evolucionan en arenas tostados, arcillas rojizos y terracotas anaranjados, hasta los grises piedra que se sofistican en ébanos y se combinan con rojos para aludir tímidamente a las lacas urushi, o con blancos para elogiar la belleza efímera de las cosas sencillas como los contrastes de luces y sombras sobre las superficies.

“Habitamos en momentos de cambio, momentos que nos piden repensar nuestro presente, evaluar nuestro estilo de vida y proponer nuevas formas de construir un futuro más humano”, comenta Verino.

“Como hizo la arquitectura de Frank Lloyd Wright, que revolucionó a los Estados Unidos en la década de los años 30 con sus propuestas de líneas sencillas libres de artificios e íntimamente integradas en la naturaleza”, continúa citando la premisa de su propuesta.

Verino apuesta por prendas atemporales (y toda una inversión), para mujeres urbanas y prácticas. Las confecciona con tejidos naturales como el doble faz, el punto de canalé, la napa o el shearling. Buscan las líneas rectas alargadas que estructuran la silueta, destacando los trajes de chaqueta con aire masculino que combinamos con pantalones palazzo o faldas plisadas por debajo de la rodilla y blusas estilo Oxford de popelín.

Ensanchan los abrigos para ganar amplitud y mostrar una silueta más relajada que alargan hasta los pies. Y proponen las capas como un histórico a recuperar por su comodidad y estilo elegante, y los jerseys de punto de canalé con cuello vuelto que combinan con prendas de outdoor como los trenchs largos o los chaquetones tres cuartos con cinturón.

El conocimiento de Roberto Verino tiene grandes fundamentos, pues él estudió bellas artes en París antes de volver a España para fundar su firma en los 80.

No hay que olvidar que, en 1992, tras afianzar su nombre vendiendo en tiendas multimarca y centros comerciales, logró abrir su propia tienda en Madrid y lanzó su primer perfume. Como colofón, ese mismo año se alzó con la Aguja de Oro al mejor creador internacional.

En los últimos años ha diversificado su creatividad, incluso derivándola al interiorismo, argumentando un “concepto de diseño de vida” y a una “atmósfera” propia y particular.

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