En pleno Ensanche barcelonés, la Casa Enric i Victòria de la Riba, construida por el arquitecto Enric Sagnier en 1897, forma parte de la ruta modernista que siguen deslumbrados los turistas. En realidad, los edificios de Sagnier consiguen por sí solos conformar su propia ruta. La casa que aquí nos interesa se encuentra en la zona dorada del distrito, entre el Paseo de Gracia y el Paseo San Juan, donde las grandes fortunas de la industria textil catalana levantaron sus mansiones y los arquitectos se dejaron llevar por la inspiración, los buenos materiales (la piedra del país, la madera americana) y la buena disposición de un exquisito gremio de artesanos. En esta casa, sin embargo, Sagnier se aparta de sus proyectos monumentales y se inclina por una fachada simple y la ornamentación modernista (abundante en follaje) concentrada en algunos puntos, como la gran tribuna del piso principal y los balcones de hierro.

¿Y los interiores, tan artísticamente elaborados por el gusto modernista? Hacía tiempo que, tales como eran, habían pasado a la historia. Cuando el arquitecto Antonio Sansón y el estudio vilablanch recibieron de la promotora Bonavista Developments el encargo de transformar el edificio catalogado en una serie de pisos modernos de calidad, lo que apareció a la vista fue tan desolador como una ruina: subdivisiones, falsos techos de pladur, pasillos oscuros, puertas prefabricadas en vez de las originales decoradas con molduras y la ausencia de rosetones, herrajes y demás pequeñas joyas del modernismo originales.

Pero allí seguían los espacios, magníficos, inspiradores, cuando fueron despojados de morralla. La idea que ha guiado el proyecto de rehabilitación ha sido resumida así por sus promotores: “La creación de viviendas actuales sobre la huella de Sagnier”. La presencia de esa huella ha resultado del estudio de los planos originales del edificio, que permitieron recuperar la distribución en planta diseñada por Sagnier en 1897. El proyecto de rehabilitación y reforma se propone entonces interpretar esa espacialidad original recuperada según las necesidades del modo de vida actual: salones amplios, habitaciones luminosas, baños de holgadas dimensiones, y las cocinas modernas integradas al salón y con luz natural a fin de mimar una zona de colaboración y holganza familiar.

El aire sin duda contemporáneo que impregna el nuevo espacio es un efecto intensificado por la abundancia de luz natural, mientras que los elementos que el trabajo de recuperación ha devuelto al edificio van apareciendo: la altura de los techos según las proporciones apuntadas por Sagnier, la carpintería de la época reproducida según medidas originales, el parquet de espiga muy utilizado por el famoso arquitecto. El color blanco actúa como un elemento arquitectónico envolvente. Blanco lo es casi todo: los zócalos, las cornisas y las molduras, la carpintería de la fachada y de los interiores, los techos y las paredes, y también el mobiliario de la cocina. El blanco da sensación de amplitud, verticalidad y luminosidad a las estancias. Lo acompaña, en breves apariciones, el color roble en el pavimento, el frontal de la isla en la cocina y el volumen del baño en la suite.

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