El resort Aman Kyoto acaba de abrir este otoño, la estación del año en la que los viajeros acuden a la antigua capital imperial de Japón para extasiarse con los tonos dorados y rojizos de los arces que pueblan las simbólicas montañas de Hidari Daimonji. En sus estribaciones, pero a pocos minutos del centro de Kioto, se ubica este complejo de lujo inmerso en un jardín de 32 hectáreas que dibuja sinuosos caminos de piedra, ofreciendo a cada paso delicadas sorpresas naturales y constructivas. La arquitectura y los interiores de este resort de cinco estrellas , con dos suites, 24 lujosas habitaciones y dos pabellones de más de 200 metros cuadrados, rinden homenaje a los ryokan, las tradicionales posa- das japonesas, cuyo auténtico lujo es la esencialidad y el contacto con el entorno natural. El diseño de las habitaciones de un ryokan se desarrolló en el período Edo, a partir de la proximidad con la naturaleza para crear sutiles ambientes contando con el canto de los pájaros y el zumbido de los insectos de otoño, el ulular del viento entre las ramas de los árbolesy el olor de la tierra tras la lluvia de verano. Placeres sensoriales que se pueden disfrutar hoy en el resort Aman. Los interiores están dotados de ese lujo tan sutil propio del país nipón, donde la luz natural, la geometría, los materiales nobles y una estética equilibrada convierten la estancia en una ex- periencia exótica e inolvidable. Como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta la importancia que tienen las actividades que propocionan bienestar en la cultura japonesa, la oferta de Aman Kyoto se dirige no solo al confort material sino que también proporciona una experiencia en la que lo corporal y lo espiri- tual tienen gran relevancia. El agua rica en minerales que brota del manantial cercano baña la losofía que rige este resort. En sus fantásticas instalaciones de onsen –baños termales al aire libre o bajo techo– los componentes activos de sus aguas calientes y volcánicas ofrecen bene cios para la salud y el estado anímico.



Aman Kyoto cuenta, además, con tres suites privadas de tratamiento, salón de spa relajante, sesiones de yoga y mindfulness en el jardín bajo la relajante luz del sol que se ltra entre los árboles, y actividades que incorporan ingredientes y prácticas curativas japonesas locales, como paseos por el jardín y el entorno natural, sesiones de medita- ción en la colina y masajes de shiatsu –una técnica curativa tradicional que disipa el estrés–. Sus huéspedes pueden también experimentar la auténtica ceremonia del té o degustar la deliciosa cocina japonesa en el acogedor pabellón Living, con su chimenea central y puertas de vidrio que se abren al paisaje. Si se desea obtener una comprensión más profunda de Japón, entonces una visita a Kioto es obligatoria. La capital de la aristocracia japonesa es conocida por sus innumerables santuarios, hermosos jardines y callejones llenos de machiyas (tiendas tradicionales japonesas). Entre las visitas que el viajero agradecerá no haberse perdido, a pesar de tener que abandonar por unas horas la paz del resort, están el fantástico bosque de bambú de Arashiyama, una paisaje casi irreal donde extasiarse entre sus verdes tallos mecidos por el viento, o los cercanos templos de Koetsuji, Genkoan, y el impresionante Kinkakuji, el famoso Pabellón de Oro, Patrimonio de la Humanidad, cuyos dos pisos superiores están cubiertos de pan de oro. Los tonos dorados se re ejan sobre las aguas de un estanque, el Espejo de Agua. Belleza en estado puro, como el propio resort.

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