Esta cabaña está ubicada en uno de los destinos franceses más desconocidos de Francia, Cap Ferret. Colonia de veraneo de boho-chics, es la respuesta de la costa atlántica a Cap Ferrat, en la costa Azul. Situado a sólo una hora de Burdeos, es el final de una idílica lengua de arena que flanquea el canal de entrada a la bahía de Arcachon. Es decir, a un lado, el Atlántico; y al otro, unas aguas a merced de la marea. Cuando baja –lo que ocurre dos veces al día– parece como si le hubieran quitado el tapón a la bañera. El fango sale a flote, los barcos quedan encallados y se descubren las decenas de cultivos de ostras dispuestos en la orilla.

Francia, tan proteccionista, obliga a que los traspasos de las parcelas ostrícolas solo se den entre las familias que comenzaron este negocio a mediados del siglo XIX. 

Quizá sea un privilegio desmedido, pero hay que agradecer a sus miembros que hayan dado el tono arquitectónico a la zona, pues muchas casas de Cap Ferret, construidas con listones de madera, son un remedo de las viejas cabañas de estos “agricultores de la mar”, que es como les gusta que les llamen. Casi todas, por cierto, son dignas de una revista de decoración, como esta de Atelier du Pont

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