En las poco más de tres horas en coche que separan la ciudad de Valencia de Águilas, en Murcia, se puede comprobar a la perfección el poder transformador de una arquitectura que, incluso, a finales del siglo XX, ya miraba sin temor al futuro. Que se lo pregunten si no a Norman Foster, quien a finales de los noventa no dudó en construir el Palacio de Congresos de Valencia valiéndose de materiales sostenibles cuando la arquitectura eficiente parecía algo más propio de un libro de ciencia ficción y, por entonces no estaba tan en boga como en nuestros días.

Pero eso no es todo. En la Comunidad Valenciana y en la Región de Murcia pueden disfrutarse de edificaciones erigidas por algunos de los arquitectos más laureados de nuestro país y de fuera de nuestras fronteras. En definitiva, de un gran número de obras que han contribuido a situar a ambas comunidades en el mapa internacional gracias a la impronta de unos creadores que se rebelaron contra el statu quo.

¿Acaso Calpe no es reconocida en el mundo entero por esos dos singulares complejos vacacionales que Ricardo Bofill ideó a finales de los sesenta y a principios de los setenta como revulsivo a aquellos impersonales bloques de apartamentos que se adueñaron de las costas españolas? ¿O bien Benidorm, pese a su apariencia kitsch no es un buen ejemplo de cómo la arquitectura en altura puede ayudarnos a solucionar la falta de espacio en las ciudades y preservar el territorio?

Robusto, deportivo y con siete plazas: el Mercedes Benz GLB ofrece una flexibilidad absoluta para disfrutar de esta ruta solo, en familia o con hasta siete amigos.

De todos modos, en esta ruta no solamente priman conceptos contemporáneos como el coworking (a través del proyecto Lab_Nucia que Crystalzoo Arquitectura llevó a cabo en Alicante) o las nuevas tecnologías (la Isla Informática que Moho Arquitectos y Carlos Abadía Sánchez construyeron en el corazón de la Universidad Miguel Hernández de Elche). Ese es el motivo por el que, tanto en la primera etapa de este viaje como en la recta final, hemos querido detenernos en dos casos que ejemplifican cómo la arquitectura moderna carecería de alma si, ante todo, no respetara la historia, nuestro pasado común: la rehabilitación y ampliación por parte de Ramón Esteve, Annabelle Selldorf y Eduardo de Miguel de la antigua sede valenciana de la empresa industrial Bombas Gens y, a 240 kilómetros de ahí, la ampliación del Ayuntamiento de Murcia de Rafael Moneo.

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