En el barrio más genuino de Valencia, al estudio de arquitectura El Departamento, con Alberto García Pérez al frente, le encargaron transformar una ruina en una confortable vivienda. Del diálogo con el cliente, surgió este proyecto que conserva el carácter del edificio original pero con una interpretación contemporánea, llena de “buenas vibraciones”.

El salón es el corazón de la casa. Unos altos techos aabuhardillados dan solemnidad al espacio y el ladrillo caravista recuerda que aún seguimos en El Cabanyal, que es donde los clientes querían estar. Observamos un segundo piso a la vista aprovechando la doble altura y, camino a la cocina, dos puertas sin tapajuntas y acabadas en arco, que rompen con la rotundidad cuadriculada del altillo de madera. Este ahora es de madera blanca, porque da más luz y porque así se consigue tapar unos nudos sin gracia.



La cocina no es una cocina: es el mueble más elegante del salón. Los electrodomésticos están escondidos y está pintada de un verde oscuro del que nunca te cansas. Un cajón de madera clara se abre en el centro de forma compensada y equilibrida. Al lado está el baño, el espacio más neutro y tranquilo de la casa, también el más pequeño, con los útiles para colada escondidos. Una de las paredes es casi todo espejo y el suelo exhibe un hermoso terrazo.

Subiendo por la escalera de chapa plegada, más una escultura que una escalera, se llega al altillo. Al subir descubres más de lo que te esperabas: a un lado tienes vistas al salón, al otro, a una terraza privada. El espacio para dormir está justo en el centro, en el intermedio entre el salón y el resto del barrio.

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