Ante un entorno grandioso por su belleza, como el de este rincón de la isla de Mallorca, la arquitectura, si es honesta, no puede hacer otra cosa que rendirle homenaje y convertirse en un medio para que los afortunados que la habiten puedan disfrutar intensamente del privilegio de vivir aquí. Los suaves acantilados que emergen de un mar tan turquesa y transparente que cuesta creer que sea real, los pinos mediterráneos que salpican de verde la costa, el intenso azul del cielo y la garantía de gozar del sol durante muchos días al año son razones suficientes para rendirse al lugar.

El estudio de arquitectura británico Franklin Design Associates ha sido el mediador entre los deseos de los propietarios y su materialización. Los autores explican que todo el proyecto se inspira en el paisaje y se adapta a la inclinación del terreno, situado a una altura que permite obtener vistas panorámicas.

La construcción se ha organizado en forma de U, con dos cuerpos salientes que flanquean la piscina desbordante, auténtico epicentro del conjunto edificado. Esos dos volúmenes, totalmente acristalados, se abren a amplias terrazas-mirador, que son privadas en la planta superior, donde se encuentran las dos suites principales, y comunes en la planta intermedia, donde se hallan dos zonas de estar que se comunican con la piscina y el jardín.

Esta distribución dual permite una gran independencia cuando se convive con invitados. El cristal cierra todas las fachadas que se orientan al sur, de forma que la mirada siempre reposa en el exterior. La cocina y los baños también se abren al entorno. La planta inferior, donde se apoya la base de la piscina, cuenta con cinco habitaciones y la zona de servicios.

En los recorridos interiores, como el de la escalera en espiral que comunica las dos plantas superiores, también han sido las vistas las que han determinado su diseño: es el mejor lugar para obtener una perspectiva cenital de la piscina elevada sobre el terreno; desde arriba ofrece una transparente lámina de agua, mientras que en su base se percibe como un monolito de piedra por el que cae en cascada el agua que se desborda de su superficie. El diseño de interiores ha optado por una distribución diáfana, con ambientes comunicados y una serena decoración que prefiere ceder el protagonismo a las vistas del entorno.

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